martes, 29 de marzo de 2016

Haces de Luz (Náufraga)

Revelación - Imagen de mi propiedad


Haces de Luz (Náufraga)
En esta inmensa oscuridad
que es sólo mía,
haces de luz dispersos
me iluminan.

Hay oro bajo mis manos,
o sal, penetrando las heridas.

La vida me arrojó a este vasto océano
de misterios y derivas cíclicas.
La vida me arrojó a este negro océano
de ceguera y sombría desidia.

Así, cuando la tempestad estalla,
ni todas las estrellas del firmamento
pueden salvarme de la debacle encarnecida.

Contemplo el mar embravecido.
¿Qué terror, qué angustia
pueden compararse a las
de hallarse en mitad de la tormenta perdida?

El barco hace aguas,
y te hundes, te desesperas, te ahogas.
Claudicas.

Pienso, inevitablemente, en la inutilidad de la lucha,
con los ojos anegados en aguas negras
y los pulmones reventados de preguntas.

La nave se sumerge,
despacio, dejándome tiempo,
para que observe.

Todos esos faros
que la espesa oscuridad hienden…
Demasiados faros.
Para que no me acerque.

Desesperados por evitar los naufragios,
¿realmente nos protegen?

Las rocas escarpadas
y el rugido encolerizado
de las olas
ya no me estremecen.

Inhalo la tempestad
y dejo que el viento de tormenta me lleve.
Que naufrague esta carcasa de miedo.
Que los escollos hagan pedazos este corazón de nieve.
Que zozobre este barco carcomido por la peste.

Qué silencioso fue el estrépito
y qué brutal el recibimiento del acantilado.

Hubo olas y peñascos,
y agua salada en la garganta,
y frío conocido,
y farallones imponentes.
Y los colores se apagaron.

En esta inmensa oscuridad
que es sólo mía,
haces de luz dispersos
me iluminan.

Hay oro bajo mis manos,
o sal, restañando las heridas.

Duele y es terrible,
mas el Sol calienta suavemente
mi piel partida.
Y la lluvia, o las olas,
besan mi rostro mutilado
con pasión lenta y sabiduría.

Duele y es terrible,
pero estoy aquí. Viva.

Estoy aquí.
Aunque nadie más me vea.
Estoy aquí.
Aunque nadie más lo sepa.
Estoy aquí.

Al abrazo de la arena húmeda,
el olor a salitre revolotea en mi rostro,
el agrio sabor a mis errores y fracasos
impregnando de aflicción mis despojos.

Exhalo torbellinos clandestinos y diminutos,
se me relajan los músculos abatidos,
vomito sobre la playa emociones rotas.

Me levanto con esfuerzo,
y no soy capaz de mirar al Sol de frente;
es terrible, y duele.

Pero estoy aquí,
e incluso
en esta inmensa oscuridad
que es sólo mía,
haces de luz dispersos,
chispas fugaces que prenden
incluso en este magullado corazón de nieve,
me iluminan, brillan, y resplandecen.

Estoy aquí,
atravesada por un fortuito hilo de luz
que nada pretende.

Oscuridad,
 tan sólo mía,
y haces de luz dispersos,
que a nadie pertenecen.

Estoy aquí.
Náufraga.
Superviviente.


viernes, 19 de febrero de 2016

El Aroma de los Colores



El Aroma de los Colores

 A veces, traducimos
el aroma de los colores
sin darnos cuenta.

El color del estío se transmuta
en sudor que resbala por el cuello,
y el frío, en el invierno yermo
de nuestros pensamientos.

Enfermos terminales la mayor parte del tiempo,
deambulamos como sonámbulos del día,
con los sentidos cerrados al palpitar del universo.

¡Qué fácil es así
no darnos cuenta
de cuán profundo caemos!

Sin un fondo contra el que estrellarnos,
podemos caer eternamente,
mientras fingimos que volamos.

¿Cuándo nos convertimos en esto?
¿De qué horrible crimen escapamos?

¿Vivir? Qué carga tan pesada.
Mejor soñamos que vivimos
y nos desentendemos de esta nada.

Bloques de litio y silicio
se precipitan al vacío trémulo.
Creen que las alongadas ecuaciones
de las que dependen sus maquinales existencias
serán capaces de sostenerlos indefinidamente,
ciegos al hecho de que no son más que meras cadenas,
y ellos, presas fáciles de una realidad lógica e impuesta.

Y en este ahogarse interrumpido
que es querer vivir, vivir,
cuando simplemente estamos muriendo,
qué honorable es eso,
morir,
por unos ideales prefabricados.
Qué honorable morir,
sacrificados con ilusión al poder
del humo, de las posesiones brillantes, del cemento.

La aniquilación del instinto
va pareja a la muerte del espíritu,
me revela, triste, el viento.
¿Acaso existe alguien a quien ahora concierna
la intuición sutil de la inutilidad de la existencia?
¿Acaso existe alguien a quien ahora concierna
el aguijonazo en el corazón previo a la tragedia?

Nos sepultamos con gusto,
a paladas enérgicas y desalmadas,
en este mar de lombrices y de lodo,
bajo la reluciente sonrisa de las vitrinas colmadas.

¿Dónde quedó la magia?
¿Dónde quedó la magia del lenguaje de los cuerpos?
¿Y el canto estremecedor de las plantas?

¿Dónde quedó el  corazón?
Lo devoraron las ratas. Unas ratas huecas y metálicas.

Pero, ¿a quién le importa?
Nuestro interior vacío es sólo hogar
para polillas y cucarachas.
Mas, ¿a quién le importa,
si el coche nuevo espera, flamante,
en la entrada de nuestra casa?
¿Si tenemos todas las prendas necesarias
para suplir ese vacío infestado de polillas y cucarachas?

Todos esos sabios muertos—
y tanto fútil cantamañanas…

En la vorágine de las civilizaciones,
que una vez nos dieron un origen y un destino,
hemos acabado engulléndonos a dentelladas.

¿Qué nos queda?
"Somos humanos, y el resto no es nada",
es la salmodia grabada a fuego en nuestras entrañas.

Somos humanos.
¿Qué significa eso?
Antes, poco.
Y ahora, nada.

Olvidamos. Queremos olvidar que
un día, con los cabellos enmarañados
y un gruñido atávico en la garganta,
tuvimos los ojos abiertos
y el corazón diáfano.

Y sin embargo ahora, ¿qué absurda quimera
es ésa del corazón, de los instintos,
si no hemos hecho más que obviarlos y arrollarlos?

Amputados por dentro,
nuestras emociones e intuiciones
extinguiéndose en esta charada
que tenemos por vida,
y que no es más que muerte edulcorada.

Qué cansancio. Cuánta desesperanza…

Es entonces cuando, sin darnos cuenta,
traducimos el aroma de los colores
que nos trae una súbita ráfaga,
y damos a luz un desangelado poema—

Lágrimas tibias en noches desveladas.


lunes, 11 de enero de 2016

Si Todo Lo Que Soy Ya Ha Sido

Existencia - Imagen de mi propiedad


Si Todo Lo Que Soy Ya Ha Sido



Se preguntó, con creciente angustia: <<Si ya ha habido antes en el mundo alguien que ha sentido todo lo que yo siento, que ha dicho todo lo que yo digo, y que ha pensado todo lo que yo pienso, ¿para qué sirve esta historia? ¿Cuál es la moraleja de este cuento? ¿Por qué repetir incesantemente este sinsentido yerto? ¿O será que, hasta que no encontremos la respuesta, volveremos al mundo, y seremos los mismos (repetidos en bucle, insulsos, en masa, sin orden ni concierto), condenados a hollar el vacío de nuestras ignorantes existencias? Si es que existe alguien que rompa esta vil cadena, yo lo sé, lo sé, yo no soy ésa.>> 

Yo no soy ésa. 

Entonces, ¿qué me queda?


Le quedaba un enorme agujero en el centro del pecho, un agujero por el que le entraban un frío inmenso, una soledad intolerable, un desapego profundo de todo, y amor por nadie. Le quedaba un agujero de negrura y de nada que se iba abriendo y abriendo, cual primorosa rosa de pétalos oleosos, pólvora floreciendo horriblemente en mitad de su cuerpo. Una rosa negra en el centro de su cuerpo; hoyo sangrante a quemarropa. Olor a carne quemada y absoluto desconcierto. Mutilada, presa del pánico, intentaba llenar el orificio a toda costa. Fuera como fuese. De comida. Todo, con tal de no ir desapareciendo. Y de historias. Todas, con tal de no acordarse de la suya propia, con tal de no recordar que debía seguir existiendo, aunque no fuese más que un doloroso boquete de infinita pérdida, aunque no fuese más que una oquedad turbadora de zozobra y preguntas errando por el universo, y nada más que eso.

Dile tú, ¿conoces el sentido de esta historia?

-Fin-