sábado, 25 de diciembre de 2021

Niebla y humo


Niebla y humo

Hoy la niebla huele a incendio.

Tengo enredado en el pelo hedor a humo

de quién sabe qué fogatas.

Pero el aire está helado y húmedo;

cruje la escarcha en bancos y ramas.

 

Los jirones fantasmales inician su danza

rizándose y persiguiéndose

con vaporosa suavidad

sobre el espejo quieto del agua.

Es el baile etéreo de la bruma.

Y yo lo observo, embelesada.

 

La niebla recorre y envuelve puentes,

o sean quizás portales al País de las Hadas.

El manto blanquecino abraza los campanarios,

y es posible que habiten vampiros tras su Nada.

 

Tiene algo de dulce y pacífico,

de historia por ser contada,

el tenue velo fantasma.

 

La niebla es el misterio sin miedo.

Una suerte de magia serena y blanca.

 

Pero hoy huele a incendio.

Y no logro hallar la causa

de esta desazón

que me congela el alma.

 

Y es extraño,

porque este olor a hoguera

intoxica la belleza del misterio,

y lo degrada.

 

He aquí la bruma que es más invierno que el mismo invierno,

y este intruso olor a humo de quién sabe qué estivales llamas.

 

 

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